[...]
El silencio otorga, y no es otorgar lo que me duele;es el silencio, silencio cuando tienes algo que decir... y te muerdes la lengua y se estrecha el puño, el corazón da saltos queriendo dar señal de lo que se reúne en el pecho y sube por la garganta formando un nudo. Pero, sólo sonries desviándo la mirada, con ese silencio que otorga y tus palabras sin su fin. Ahora éstas vagan por tu mente y dan origen a más preguntas y posibilidades. Te creas respuestas, pero aún diferencias casi de manera totalmente clara lo que se se queda vagando en tu mente (que no son sólo palabras) y lo que realmente sucedió en la escena. Ha de ser ese un consuelo, no?




